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Un militar es miembro de un ejército. Parte de las herramientas que usan la mayoría de las naciones, en orden de conservar el orden establecido, de cara a un enemigo.
Un militar es alguien con entrenamiento para la guerra y (al menos) un arma personal. Casi con seguridad, esa arma será una de combate, con poder mortal suficiente para matar enemigos desde lejos; para garantizar su propia seguridad y la mayor cantidad de bajas en el otro bando.
Reciben entrenamiento físico para el combate cuerpo a cuerpo, de modo que puedan dejar al oponente incapacitado con la menor cantidad de energía posible. Se les enseña a manejar máquinas de guerra. Se les enseña a ser obedientes, porque las ordenes que reciben pueden no parecer lógicas, poner su vida y la de sus compañeros en peligro y al mismo tiempo, tener una finalidad concreta que beneficia una estrategia que lo tiene como una pieza más.
Un militar sabe que el que pega primero, pega dos veces. Que será mucho mas eficiente cuando reduzca a su contrincante al mínimo con la mayor rapidez posible. Esa es otra de las razones por la que los militares aprenden a obedecer ciegamente: Pensar lleva tiempo, los lleva a tener conflictos morales y al riesgo de no tomar acciones peligrosas, pero necesarias para el objetivo final.
Los militares son no deliberantes, ni críticos.
En teoría, los militares sirven a la nación. Representada por su tierra, su gente y esas abstracciones que son la bandera, el escudo y el himno. En la práctica, tienen un manual interno, lleno de reglas y escalafones, un conjunto de leyes. Y la constitución, que contempla los aspectos en los cuales está repartido el poder.
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Los civiles somos todos. Gente que se precia de tener pensamientos y opiniones propias. Deliberantes, plurales, críticos. Con un conjunto de derechos inalienables, con los que nacemos y que no entran en ninguna discusión, y otros, añadidos, que nos regala vivir en un mundo civilizado, con un estado de derecho instaurado, con una historia de más de 5.000 años de evolución.
Una de las cosas que nos regaló esa historia es el hecho indiscutible de que lo militar debe SIEMPRE estar subordinado a lo civil. Lo contrario es abrir la puerta al caos, la anarquía y a un orden social que nos pone a las puertas de la barbarie: el que tiene las armas decide quien vive, quien muere, quien come, quien recibe medicinas, quien puede volver a casa con los suyos vivo.
La gente que maneja armas, no puede decidir a su aire que hacer con ellas, sino que debe ser normada, controlada y regida. Deben rendir cuentas de cada acto hecho con ellas.
Eso y no otra cosa, es la diferencia entre una sociedad justa y una injusta.
Por eso, lo que dice Maduro no tiene sentido. No existe tal cosa como una “unión cívico militar”. Existe una sociedad, con leyes claras y una estructura. Y existen los militares, como herramienta útil, en caso de ser necesarios y aún más útiles si no lo son.
Por eso este video es espantoso. Una aberración, que a fuerza de repetida, ha dejado de sorprendernos